Imperio Romano · Adriano · Denario · 117 d.C.
Emisor: Adriano (emisión de acceso al trono)
Imperio: Romano Imperial — Dinastía Antonina
Cronología: 117 d.C., año de su acceso (reinado completo, 117–138 d.C.)
Denominación: Denario
Metal: Plata (AR)
Peso: 2,78 g
Diámetro: 17 mm
Ceca: Roma
Anverso: Busto laureado, drapeado y con coraza de Adriano a derecha. Leyenda: IMP CAESAR TRAIAN HADRIANO OPT AVG GER DAC (Imperator César Trajano Adriano, Óptimo Augusto, Germánico, Dácico). El nombre HADRIANO aparece en dativo, rasgo característico de las primerísimas emisiones del reinado.
Reverso: Trajano y Adriano, togados, estrechándose la mano derecha (dextrarum iunctio). Leyenda: PARTHIC DIVI TRAIAN AVG F P M TR P COS P P (Pártico, hijo del Divino Trajano Augusto, pontífice máximo, con la potestad tribunicia, cónsul, padre de la patria).
Referencias: RIC II 22a (Adriano).
Conservación: MBC+. Preciosa patina de monetario. Bonito primer retrato de Adriano.
En el verano del 117 d.C., Adriano gobernaba Siria cuando le llegó a Antioquía una doble noticia: Trajano había muerto en Selinunte de Cilicia, de regreso de su fatigosa campaña pártica, y en su lecho de muerte lo había adoptado como hijo y heredero. La adopción, anunciada por la emperatriz Plotina solo después del fallecimiento, levantó sospechas que persiguieron a Adriano durante años. De ahí que sus primeras monedas no hablen apenas de él mismo, sino de su padre adoptivo: este denario lo presenta cargado todavía con la titulatura victoriosa de Trajano —Óptimo, Germánico, Dácico, Pártico—, como si el nuevo príncipe se cubriera con la gloria heredada antes de atreverse a forjar la propia. El dativo HADRIANO y el recuerdo del Divus Traianus convierten la pieza en un documento de legitimación acuñado en el instante mismo de la sucesión.
El reverso es el argumento hecho imagen: las manos enlazadas de ambos emperadores sellan visualmente la continuidad dinástica, la concordia y la pietas del hijo hacia el padre divinizado. Y sin embargo, hay una ironía latente en ese metal. Apenas unos meses después, Adriano daría un giro radical a la política de Trajano: abandonaría las conquistas orientales de Mesopotamia y Armenia, replegaría las fronteras a líneas defendibles y se convertiría en el emperador de los muros, no de las campañas. Este denario captura, por tanto, un momento fugaz e irrepetible: aquel en que Adriano aún se proclamaba pártico y conquistador, heredero fiel de un imperio que pronto decidiría, deliberadamente, dejar de expandir.